La escritora Raquel Ricart acaba de publicar su última novela, ‘L’estiu que vaig matar mon pare’, un libro que ha escrito íntegramente en Benimaclet, donde reside desde 1995, y en el que no ha podido evitar incluir un guiño al barrio.
Raquel Ricart (Bétera, 1962) nos ha abierto las puertas de su casa, ubicada en el núcleo histórico de Benimaclet, para hablarnos de una novela centrada en la historia de una familia en la que se entrelazan recuerdos, secretos y misterios, y del barrio en el que ha vivido la mayor parte de su vida.
Un libro no truculento
El libro se titula ‘L’estiu que vaig matar mon pare’, “pero no es truculento”, avisa entre risas la escritora. De hecho, nada más empezar la novela se desvela, y se explica también en la contraportada, que la protagonista sueña cada noche durante el verano de sus 15 años que mata a su padre, al que hasta entonces idolatraba.
La protagonista es Anna Argall, una autora dedicada principalmente a escribir biografías, que a la muerte de la persona que custodiaba la memoria familiar, Ença, decide contar la historia de la saga los Argall para que su propia existencia no quede desdibujada y descubre muchas cosas que desconocía, pese a que han conformado su identidad.
En sus páginas encontramos al padre, Miquel Argall, un médico que defiende el mundo científico en contraposición a los remedios naturales y las hierbas de Ença, que con 14 años llega a trabajar con la familia “y los enamora a todos”, hasta el punto de que a su muerte es enterrada en el panteón familiar.

Conocemos también a Amàlia, la esposa de Miquel, que adora la costura y el obrador en la casa familiar es su “santuario” y cuya madre, Agustina, es tan malvada como las madrastras de los cuentos. Y a la narradora, Anna, que es escritora como Raquel y podría tener su edad, con una diferencia fundamental: “ella ha podido vivir de la escritura, yo no lo he conseguido”, afirma.
La libreta del libro
La novela la ha tecleado en el ordenador, pero a Raquel le gusta mucho escribir a mano, por lo que para cada uno de sus libros confecciona manualmente una libreta que le sirve de apoyo en el momento de la creación y luego para recordar detalles cuando asiste a clubes de lectura sobre sus títulos.
La primera anotación en la libreta de ‘L’estiu que vaig matar mon pare’ es de octubre de 2023, a la que han seguido durante dos años listas de personajes, árboles genealógicos, el plano y enseres de la casa familiar de la protagonista, cartas, flores secas, nombres de huesos e incluso una venda con las iniciales bordadas como las que las mujeres confeccionaban antaño para su ajuar.

Cuando está escribiendo y llega un momento de esos en que “te encallas, que no sabes muy bien por dónde tirar”, Raquel se dedica a ir decorando la libreta, lo que considera que es una forma también de estar “dentro del mundo de la novela”.
El guiño a Benimaclet
La historia familiar discurre en un pueblo de Castellón, pero en la página 124 de la novela encontramos una alusión a Benimaclet: cuando Miquel está estudiando Medicina en València y vive con su madre en la portería de una finca de la calle de la Paz, le toca recoger las boñigas de los caballos que arrastran el tranvía procedente de Russafa. Luego su madre las vende a agricultor de Benimaclet para abonar la huerta.
“Entonces estaban los tranvías con tracción de sangre, que iban con animales”, explica Raquel, quien señala que lo de recoger los excrementos es quizá una vivencia de su padre, pues “con eso se ganaban un dinerito”.

Durante la escritura, la autora se imaginaba a Miguel en aquella València de antes de la Guerra Civil “detrás del tranvía”, recogiendo el estiércol “solo de su calle”, porque cada calle tenía su recogedor “para sacarse unos chavos”. Admite que se lo pasa bien incluyendo en sus libros guiños como este. En esta novela también ha atribuido a la protagonista algunos de sus títulos.
Vivir en Benimaclet
“Me encanta vivir en Benimaclet, porque tiene muchas cosas de pueblo. Yo soy de pueblo y eso se agradece”, señala Raquel, quien destaca que el barrio, el lugar en el que más años ha vivido de toda su vida, es “tranquilo”, tiene una estructura muy “caminable” y ventajas como que “coges la bici y en diez minutos estás en el centro de València”.
Considera que Benimaclet es “un lugar ideal” para vivir, y afirma que ha sido “muy bonito” que su hija se criara aquí y que por ejemplo pudiera ir andando al colegio. “Son cosas que hoy en día resultan más difíciles en la ciudad, por lo que me siento muy privilegiada”, asegura Raquel Ricart.

Viajes para documentarse
Para la documentación de esta novela que discurre a lo largo de todo el siglo XX, Raquel a hecho varios viajes. Como a Terrasa, en cuyo Museu Tèxtil ha tocado los tejidos que usa la madre de la protagonista, Amàlia, a la que le gusta mucho coser.
También ha viajado a la Vall de la Vansa y Tuixent, donde cada año se homenajea a las trementinaires, mujeres que recorrían los pueblos para vender remedios, como su personaje Ença, que es así como llega a Castellón. O al Priorat, donde el padre de la protagonista trabajó de médico en la Guerra Civil.
Si queréis saber por qué la protagonista sueña durante todo un verano de su adolescencia con matar al padre, podéis encontrar la novela en librerías de Benimaclet, como La Rossa o La Traca. Y cuando lleguéis a la cita sobre Benimaclet, quizá os venga a la mente la calle Rambla, donde perfectamente podría haber vivido ese agricultor.
