Las Matemáticas, esa asignatura que habitualmente se odia o se ama, pueden ser también una forma de disfrutar aprendiendo en clase. Así lo defiende Salva Cañamás, un profesor de instituto que ha vivido muchos años en Benimaclet y que aplica con su alumnado de primero de la ESO la metodología “aulas para pensar”.
En vez de una clase de Matemáticas de tareas repetitivas y con libros de textos tradicionales, sus alumnos trabajan en grupos que se forman de manera aleatoria y se dedican a resolver un problema o un reto durante una hora. Lo hacen de pie y sus herramientas son unas pizarras colgadas en las paredes del aula y rotuladores para escribir.
Otro enfoque a las matemáticas
“Esto genera unas dinámicas diferentes y trabajamos las Matemáticas de una forma más profunda”, más enfocada a la comprensión, en la que le pueden dar “mil vueltas a una tarea hasta que al final la acaban de comprender”, explica este profesor a Disfruta Benimaclet.
Esta metodología, que surgió en Canadá hace más de 15 años por el matemático Peter Liljedahl y aplican algunos institutos de la Comunitat Valenciana y otros puntos de España, se centra en las pistas y los retos, y pone el foco en el diálogo entre los compañeros y en la argumentación para conseguir dar con la solución a unos problemas que van evolucionando.
Como ejemplo, una forma de introducirles las operaciones es darles cuatro cuatros y pedirles que con la suma, la resta, la multiplicación y la división encuentren los números del 0 al 9. O pedirles que con los números del 1 al 100 consigan llegar a una cifra concreta.
Experiencia como scout en Benimaclet
Salva aplica esta metodología desde hace dos años a alumnado de 11 y 12 años en el instituto donde trabaja, en Buñol, pero reivindica, y por eso nos contactó, que su experiencia como monitor de scout del Patronato de Benimaclet durante muchos años tiene mucho que ver con su vocación de encontrar la mejor manera de llegar a sus alumnos y alumnas.

“Intento mejorar la vida de mis alumnos a través de mi asignatura”, en la que lo que importa “no es quién es el que más sabe o quién es la más lista, sino quién da mejores argumentos, algo muy interesante también de cara a su vida adulta y a su relación en sociedad”, explica.
“La verdad es que conseguimos crear un entorno adecuado para que puedan aprender, pero para que también puedan estar divirtiéndose y vean otra forma de trabajar”, asegura este profesor, que lo primero que hace cuando el alumnado entra en el aula es explicar el reto a resolver y repartir cartas al azar con las que forman grupos aleatorios, con lo que cada vez tienen compañeros distintos y se acostumbran a trabajar con todos, no solo con sus amigos.
El error no importa
¿Y qué dice el alumnado? Salva afirma que están muy contentos con una asignatura que no son “las Matemáticas de siempre” y en la que el error “no importa”, sino que forma parte del aprendizaje, por lo que “no hay una presión por equivocarse o por que salga todo perfecto”.
Considera que este tipo de metodologías ayudarían a mejorar los indicadores de pruebas como PISA, porque “parten del razonamiento profundo, de la comprensión”, frente a las “actividades mecánicas” a las que se suele acostumbrar al alumnado. Y opina que el que un alumno consiga explicar a otro “el por qué de un problema” supone “un éxito”.

Conforme avanza el curso, se ve cómo el proceso de pensamiento “va madurando” y van resolviendo problemas cada vez más complejos, reivindica este profesor que no manda deberes para casa, porque cree que “no tiene sentido, pues al final los hace la IA o el profesor de repaso”.
Aulas más ruidosas
Salva reivindica que se trata de una metodología que tiene “muchas fortalezas”, aunque que las aulas “son más ruidosas y un poco más caóticas, porque el alumnado está moviéndose por ellas”. El hecho de estar de pie cuando “se pasan 6 horas al día sentados en los pupitres” es algo que los alumnos también agradece.
Además, cree que ayuda mucho a “romper ciertas mentalidades” de alumnos que dicen “no soy bueno en Matemáticas. Bueno, igual no eres bueno en hacer operaciones con fracciones, pero tienes una capacidad de lógica muy grande y eres bueno en otras cosas”, asevera.
En su opinión, esta forma de enfocar la asignatura de Matemáticas, que todavía es poco conocida pero va sumando adeptos, “merece la pena”, en especial al ver “esa chispa en los ojos del alumnado cuando descubren algo por sí mismos y dicen: anda, esto es así y sé explicarlo”.

Matemática en el día a día
“Las matemáticas las tenemos en el día a día y por eso yo creo que hay que darles una buena base”, defiende Salva, quien se define como persona “muy inquieta” y reivindica “la huella” que le ha dejado vivir en Benimaclet desde los 5 años hasta que se independizó.
“Con mi grupo de amigos quedábamos todos los viernes a tomar una horchata y recuerdo mucho esas conversaciones antes de despedirnos en la esquina de la calle Masquefa”, explica Salva, quien valora que este barrio de València es como un pueblo en el que “todo el mundo se conoce y todo es muy familiar”.
Salva ha querido venir a la entrevista con la camiseta verde en defensa de la escuela pública, para reivindicar la labor que ésta lleva a cabo y para dar visibilidad a las movilizaciones que empezaron el curso pasado.
