SOCIEDAD, URBANISMO

La Cooperativa Benlliure: 40 años de arquitectura singular en Benimaclet

Benimaclet tiene un nombre propio en el mundo de la arquitectura gracias a Espai Verd, el singular edificio escalonado diseñado por el estudio de arquitectura CSPT y construido en los años 90 que nació de la utopía de querer vivir la naturaleza en la ciudad.

Pero quizá es menos conocido que ese mismo estudio concibió unos años antes otro edificio muy especial: el complejo de viviendas denominado Cooperativa Benlliure, construido a escasos metros y de cuya puesta en marcha se cumplen 40 años este 2025.

Tres de sus vecinos –Fermín Alegría, Ángel Moreno y Enric Sanchis– han abierto las puertas del complejo residencial a Disfruta Benimaclet para enseñarnos cómo es por dentro y contarnos muchas anécdotas de su vivencia en un edificioque parece «un ensayo» de lo que se haría después en Espai Verd.

Dos fincas con 79 viviendas

El edificio de la Cooperativa Benlliure lo componen dos fincas contiguas de siete alturas. La ubicada en el número 1 de la calle Real de Gandía tiene 40 viviendas y la del número 3, donde grabamos este reportaje, tiene 39 debido a que la vivienda de una familia numerosa ocupa el espacio de dos. Así que le llaman de broma “la canaria”, por tener una puerta menos.

Es la primera anécdota que nos regala Fermín Alegría, un vecino que también fue miembro de la cooperativa cuando se construyó esta finca de color ocre y granate que parece compuesta de bloques suspendidos en distintas alturas y donde las zonas comunes son protagonistas, algo muy novedoso hace cuatro décadas.

Interior de la Cooperativa Benlliure de Benimaclet
Terraza con jardín y fuente en la Cooperativa Benlliure. ©DsftBenimaclet

La terraza con jardín al aire libre a la altura de la segunda planta, con una fuente que en verano se utiliza como piscina, es el principal atractivo de este edificio. Una espacio donde jugar los niños, celebrar cumpleaños y reuniones familiares, y donde al principio de empezar a vivir hacían cenas, paellas y festejaban la noche de San Juan.

Esta zona sostenida con columnas dibuja un hueco de parte a parte de la finca, que se aprecia sobre todo si se mira el edificio desde la parte de atrás, y da una sensación de liviandad y de escalonamiento. Cuenta también con un “rincón de los enamorados” y permite ver la disposición de la escalera, que tiene tramos que discurren por el interior y otros al aire libre, lo que llevó a poner una cubierta para no mojarse cuando llovía.

Otras curiosidades son los altillos que se construyeron para alojar locales comerciales dentro del edificio, o el hecho de que todas las casas dispongan de chimenea, aunque se ha llegado al acuerdo de no encenderlas porque había problemas con la salida de humos.

La Cooperativa Benlliure y Espai Verd. ©DsftBenimaclet

Varias cooperativas

Fermín relata que la finca se construyó para proporcionar viviendas a los socios de una cooperativa (en la que había muchos maestros y profesores), que se apoyó a su vez en otra cooperativa para la gestión, mientras que la ejecutó una cooperativa de construcción. Cree que las gestiones comenzaron sobre 1977 y que el movimiento de tierras y la construcción se inició en 1979.

Con la crisis de principios de los años 80, esa constructora suspendió pagos y dejó las obras. Buscaron entonces otra, que también funcionaba como cooperativa, y aunque entró con mucha fuerza a los pocos meses se fue también con el edificio a medio hacer.

La tercera constructora ya no era una cooperativa, pero a punto de acabar la finca también suspendió pagos, explica Fermín, quien rememora que hubo que poner un vigilante a cuidar del material hasta que se consiguió acabar las obras a finales de 1984.

Tres vecinos de la Cooperativa Benlliure posan para Disfruta Benimaclet
Ángel, Enric y Fermín (de izqda a dcha), nuestros anfitriones en la Cooperativa Benlliure. ©DsftBenimaclet

Todavía les quedaría un sobresalto: mientras se gestionaba el papeleo para entrar ya a vivir en la finca, hubo una “ocupación” de unos 30 o 40 trabajadores de la constructora porque no habían cobrado. “Estuvieron viviendo aquí más de un mes, rememora este vecino, quien afirma entre risas que no va a desvelar en qué piso se quedaron.

Por qué vivir aquí

Para Fermín, ha valido la pena ser parte de este proyecto y considera “una experiencia interesante” la opción de la cooperativa, aunque al final el coste de las viviendas se incrementó un 50 % porque, además del sobrecoste que suelen tener las obras, se tuvieron que quedar los altillos y bajos que no se habían vendido cuando llegó el momento de la entrega (luego recuperaron parte de ese dinero).

En su caso, llegó aquí porque quería vivir en el norte de la ciudad, al considerar que la calidad de vida es mejor, y se encontró en el centro de València con la cooperativa que gestionaba este proyecto. Había ya más de 70 socios apuntados, la primera finca estaba en construcción y decidió embarcarse en esta aventura.

En el caso de Ángel Moreno, vivía al lado, vio el anuncio y pensó que el hecho de que lo impulsara una cooperativa supondría que estuviera “mejor gestionada, aunque no fue así”. Explica que cuando dio el paso no sabía qué diseño tendría el edificio, aunque luego le llamó mucho la atención que hubiera dúplex, algo “impensable” entonces en edificaciones dentro de la ciudad.

Enric Sanchis se trasladó en 1990, cuando buscaba un piso más grande para su familia y finalmente lo encontró enfrente de su casa. Aunque nunca había tenido interés en vivir en un dúplex acabó en uno, con la duda de si se acabaría rompiendo una pierna en la escalera, algo que hasta el momento no ha ocurrido.

Un edificio atractivo

Mientras recorremos el edificio y contemplamos los murales de cerámica que hay sobre los buzones o la amplia terraza superior desde la que se ve el Espai Verd, estos tres vecinos rememoran que al principio se colaba mucha gente y hubo que hacer más alta la reja de la entrada.

Hace 40 años tener una piscinita de este estilo llamaba mucho la atención, explica Ángel, quien recuerda que también se les quedó gente a dormir en la zona común.

Enric explica que lo que hace tan atractivo este edificio, que es su singularidad, por otro lado también plantea “algunos inconvenientes, porque por ejemplo a la hora de reparaciones todo es siempre un poquito más caro y más complicado que una finca convencional”.

Pero tiene clara su conclusión: “Las ventajas compensan los inconvenientes, porque realmente tras los años pasados puede decirse que es un edificio atractivo, que llama la atención y que rompe un poco la monotonía de la urbanización convencional”.

Deja un comentario