EDUCACIÓN, SOCIEDAD

Quince años de clases para mayores en Benimaclet

Una tarde a la semana, Eli Barrachina coge una maleta cargada de libros, fichas y material didáctico que ha preparado cuidadosamente y se instala en el local de la asociación vecinal de Benimaclet para impartir primero clases a personas mayores y a continuación clases de iniciación al valenciano.

Esta aventura altruista comenzó en 2011 y se ha mantenido estos quince años gracias al esfuerzo de Eli y a la gran respuesta de un alumnado que no ha parado de crecer gracias al boca a boca.

Las clases para mayores

“Todo empezó de manera casual: una amiga me preguntó si le enseñaría a leer y a escribir a una señora mayor que quería aprender, y yo acepté el reto”, explica Disfruta Benimaclet Eli ante la pizarra que utiliza para impartir sus enseñanzas.

Ese mismo año se apuntaron dos mujeres más a unas clases que pronto dejaron de ser de alfabetización, pues las nuevas incorporaciones sí que habían ido a la escuela aunque la dejaron pronto para ponerse a trabajar, y se transformaron en clases para personas mayores.

Al principio les cedieron un espacio en el Centro municipal de servicios sociales de la plaza de Benimaclet, perodesde 2013 las clases tienen como escenario el local de la asociación vecinal, entidad que además se hace cargo de los gastos del material, que inicialmente pagaba Eli.

Abandonar el sofá

Lectura en voz alta, ejercicios de gramática, prácticas de cálculo, “mucho trabajo de memoria y mucho trabajo de socialización” llenan la hora y media de clase semanal, que acaba con unos ejercicios antes de marcharse a casa con un libro de la biblioteca del aula para leer durante la semana.

Este curso hay 21 alumnos, diecinueve mujeres y dos hombres, con edades que oscilan entre los 70-72 y los 88 años, de manera que algunos llegan a clase con la ayuda de un andador o un bastón.

Eli Barrachina con una foto de sus alumnas mayores. ©DsftBenimaclet

Es gente mayor “muy agradecida”, a la que Eli siempre está felicitando por el esfuerzo que hacen de salir de casa e ir a clase. Olvidarse del sofá y de la tele y venir aquí para socializar y para mantener su memoria y su vida activa es importante”, reivindica.

El diploma final

Finalizar cada curso tiene premio. “Es una de las cosas que más ilusión les hace, el recibir un diploma por venir a clase. Nunca se lo habían dado en ningún colegio y el primer año se quedaron alucinadas, explica Eli, quien desde entonces lo entrega cada año.

Tiene una alumna que viene a sus clases desde el principio y otras que llevan doce años, pues normalmente repiten salvo que enfermen. “Muchas son amigas, se conocen de toda la vida y están muy a gusto” destaca Eli, quien asegura que se lo pasa muy bien con este grupo.

Una de las cosas en las que les hace hincapié es en que no tiene formación académica como maestra. “Yo he trabajado durante más de 49 años en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de técnica de laboratorio, haciendo análisis químicos, biológicos y para investigación”, explica.

Jugaba a ser maestra

Pero siempre le ha gustado mucho leer y hacer cursos, y cuando su amiga Marisa le propuso ponerse a enseñar no lo dudó. Quizá también porque de pequeña jugaba con sus hermanos a los maestros y ella, que es la mayor, hacía de maestra. Y cuando sus hijos estaban estudiando les ayudaba lo que podía.

“Supongo que si no me hubiera puesto a trabajar a los 15 años hubiera estudiado Magisterio, afirma Eli. Así que estas clases le han permitido quitarse esa “espinita que tenía” y han sido además “un descubrimiento muy agradable”.

Eli Barrachina dando clase a personas mayores. ©DsftBenimaclet

Lo primero que hizo fue hablar con amigos maestros para que le dieran algunas pautas, aunque pronto empezó a idear sus fichas, juegos y dinámicas para estas clases que son “prácticamente personalizadas, porque el alumnado tiene “niveles totalmente diferentes”.

Mientras nos enseña el álbum donde guarda fotos de todos los grupos que ha tenido, indica que no ha sacado la cuenta de cuántas personas mayores han pasado por sus clases, aunque igual han sido unas 40. El alumnado no paga nada ni ella cobra por estas clases que ella concibe como«un voluntariado”.

Las clases de valenciano

Y al mismo tiempo que las clases para mayores, Eli empezó a impartir otras de iniciación al valenciano. La misma amiga que le habló de la señora que quería aprender a leer le preguntó si podría ayudar a una chica boliviana cuyos niños acaban de empezar a estudiar en la línea en valenciano.

“Siguió viniendo dos o tres años y consiguió sacar el primer título de la Junta Qualificadora de Coneixements en Valencià, fue una alegría”, recuerda Eli. Ese mismo año empezó a dar clases de valenciano a gente que venía de fuera del país y de fuera de Valencia, entre ellos estudiantes de Erasmus.

Con los años, se ha sumado también gente Valencia que nunca se había lanzado a hablar el idioma, e incluso personas que lo conocían pero querían aprender a escribirlo y leerlo. Este curso tiene a doce alumnos: “se han hecho amigos y también lo paso muy bien con ellos”.

Eli Barrachina en Benimaclet con fotos de sus clases. ©DsftBenimaclet

Este alumnado suele ser más joven y les advierte siempre de que son clases únicamente de iniciación al valenciano, pues aunque tiene el Grado Superior de valenciano no se considera preparada para dar un nivel más avanzado.

Implicada en Benimaclet

Eli nació en Francia, adonde sus padres migraron a trabajar, pero cuando ella tenía 8 años volvieron a España y se instalaron en el barrio “de siempre” de su madre. Es miembro de la asociación vecinal y asegura que está “totalmente involucrada en todo lo que se hace en el barrio”.

“Soy de las que he ido a todas las manifestaciones en las que se han ido pidiendo un colegio municipal, institutos, centros de salud, destaca Eli, quien añade que llevan tiempo reclamando un centro cultural, algo que aún no se ha conseguido, pero ahí están, “luchando”.

Antes de despedirnos, nos queda hacerle una pregunta obligada: ¿hasta cuándo va a seguir con estas clases? “Es una pregunta que me hago mucho, porque estoy pensando si yo tendría que venir a estas clases ya” como alumna, asegura con una sonrisa, mientras confiesa que a ella le sirven “para tener también la mente activa”.

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