Cuál es el sitio al que la gente con muchos conocimientos puede ir cada semana a demostrar su sapiencia? Solo podíamos empezar este artículo con una pregunta, porque Benimaclet es el lugar donde cada martes por la noche se escenifica un gran duelo de preguntas y respuestas.
El Trivial del Tulsa Café es todo un clásico no ya del barrio, sino de la ciudad de València. De sus detalles y curiosidades hablamos con Joanjo Garcia, quien puso en marcha esta iniciativa hace más de una década, y con Héctor Gómez, quien cogió su testigo a principios de este 2023.

Entretenerse y hacer amistades
“Empecé a hacer el Trivial porque estaba estudiando oposiciones, me aburría y era una forma de entretenerme, de encontrarme con los amigos y de hacer nuevas amistades”, explica a Disfruta Benimaclet Joanjo Garcia, quien tenía la experiencia de haber participado en el que se jugaba en ‘La Tapilla Sixtina’ de Barcelona.
“Intenté que mi Trivial fuera más participativo y más dinámico, con preguntas en las que muchas veces era más difícil adivinar qué te estaban preguntando que la respuesta”, y en las que hubiera que relacionar, rememora este escritor que cuenta en su haber con una docena de novelas.
Su primer Trivial arrancó un 23F de 2011 en un bar de la Plaza del Pilar, pasó luego por Russafa y en 2013 llegó a Benimaclet, primero a El Musical y un año después al Tulsa Café, donde entonces se ha mantenido de forma ininterrumpida, e incluso en pandemia se celebró on line.
Durante más de una década, Joanjo se ha encargado de organizar el que es el Trivial más antiguo de la ciudad de València y el primero con periodicidad semanal, hasta el punto de que en la ciudad le conocían “como el tipo que hace el Trivial”. Calcula que por él habrán pasado “miles de personas”, algunas de las cuales se mantienen prácticamente desde los inicios.
Organizar semanalmente este popular juego, en el que suelen participar personas con estudios superiores y profesores universitarios, era una labor que le quitaba mucho tiempo pero le divertía, y que ha dejado atrás por el nacimiento de su hijo.

Mecánica del Trivial
Su testigo lo ha recogido Héctor Gómez, quien empezó a jugar a este Trivial hace unos siete u ocho años y ha pasado ahora “al otro lado” para que no se perdiera con la marcha de Joanjo. Un cambio que, según asegura a Disfruta Benimaclet, le ha gustado, aunque a veces le entra “el gusanillo” de responder preguntas.
Así que cada martes al las 8 en punto cierra su librería en el centro de València, Arribada Llibres, coge la bicicleta y se traslada al Tulsa. Allí le esperan una decena de equipos de entre seis y ocho jugadores, con nombres como Sense Vergonya, Carcoma, Morralla o Farándulas, dispuestos a responder a sus preguntas.
A partir de las 20,30 horas, Héctor se coloca en la entrada del local con un proyector y micrófono en mano va formulando durante dos horas cuatro rondas de diez preguntas cada una.
Hay una ronda de actualidad, una de cultura general, una ‘pro’ (de cultura general pero más difícil) y una audiovisual, en la que hay que adivinar el grupo o intérprete de canciones a partir de los primeros segundos, y el título de películas a partir de fragmentos.
No es fácil ni corto hacer un Trivial
Preparar un Trivial no es “fácil ni corto”, porque el nivel es “bastante alto” y cada semana hay que plantear 40 preguntas, asegura Héctor. Cuenta con una hoja de Excel con los enunciados que ya ha formulado para no repetir, y un grupo whatsapp consigo mismo donde va apuntando los que se le van ocurriendo. El domingo, el único día que no está en la librería, les da forma.

“Son preguntas muy especiales, no es el típico Trivial de cuál es la capital Madagascar. No quiero tanto que la gente sepa datos, como que las preguntas sean más de relacionar conceptos o darle una vuelta”, explica Héctor, quien afirma que ha asumido una máxima que tenía Joanjo: “Las preguntas son difíciles, pero las respuestas fáciles”.
Así, sostiene que las preguntas, de entrada, pueden parecer “una cosa muy loca”, porque son largas y con frases subordinadas. “Pero siempre procuro poner un par de pistas”, asegura Héctor, para quien lo divertido del juego es entender lo que se pregunta y tirar de hilos.
Móviles prohibidos
Tirar de hilos de los conocimientos propios, pero no del teléfono móvil, que por supuesto está prohibido utilizar. “Pero nadie se atreve a sacarlo, no se concibe que nadie haga trampas”, asegura Héctor.
Sostiene que hay “una competencia sana, son equipos que se conocen hace tiempo y hay un ambiente de respeto”. Este Trivial tiene un premio económico, ya que cada persona paga seis euros por participar en el juego, lo que incluye una consumición, y una vez descontada la parte que se queda el bar y el organizador hay un bote para el premio.
“Pero la gente no viene por el premio, que igual les da para irse de cena, sino por el pique de ganar”, asegura este librero, quien admite que, a pesar de que se calienta cada semana la cabeza para complicar las preguntas, los participantes “se las saben”.

La Constitución canadiense
Porque entre los jugadores hay desde maestros a físicos, escritores, historiadores, químicos o doctores, que en alguna ocasión se han dirigido al organizador para advertirle de errores en un enunciado o de que la respuesta puede ser diferente a la que se ha dado por buena.
“A veces me han venido discretamente y me han dicho: perdona, yo soy doctor en Física y esa pregunta está mal formulada”, explica Joanjo. “O se ha dado la respuesta y alguien ha dicho: yo soy médico y eso que dices no es cierto. Incluso ha pasado que otro ha dicho: yo también soy médico, y se han puesto a discutir sobre preguntas y conocimientos que a mí se me escapaban completamente”, rememora.
Aunque para anécdota, la de una vez que tuvieron que descargar en plena sesión del Trivial la Constitución canadiense, porque había una disputa sobre una respuesta referida a esa Carta Magna y hubo que acudir a ella.
Otra de las curiosidades de este Trivial de Benimaclet es que las preguntas se hacen en valenciano, y que en cada ronda hay una pregunta de temas valencianos.
