Entrar a la Bodega Baltasar Seguí de Benimaclet es hacer un viaje en el tiempo. A punto de cumplir 66 años, el local conserva la estética del siglo pasado, lo que no le ha impedido ser actualmente una referencia para comprar vinos o licores y también para tomarse una copa de vino, una cerveza o un vermut.
En el pequeño escaparate de la bodega, ubicada en la calle Emilió Baró 17, se pueden encontrar dos claves de su historia: una fotografía antigua de Baltasar y María, los impulsores de este negocio familiar, y una cifra: 1957, el año en el que iniciaron esta aventura que hoy sigue en marcha.

La bodega que abrió días antes de la riada
“La bodega la abrieron mis padres a principios de octubre de 1957”, poco antes de la riada de València, explica a Disfruta Benimaclet su actual dueño, Manuel Seguí. Baltasar y María se habían casado en septiembre y pensaron en abrir una tienda. Él era chófer en Bodegas Seguí, la empresa de unos primos, y ella dependienta en la bodega que esa empresa tenía junto al mercado de Russafa.
La oportunidad surgió en Benimaclet, en una zona que por entonces era “prácticamente huerta”, donde se traspasaba una tienda de comestibles. Y allí que se fueron Baltasar, natural de La Xara (Alicante), y María, nacida en Málaga aunque de muy pequeña, durante la Guerra Civil, se había venido a València con sus padres.
Cogieron las riendas del local y centraron su actividad en la venta de vino y aceite a granel, aunque también funcionaba como taberna -hacían bocadillos y la gente iba a almorzar– y vendían conservas “y un poquito de todo”.
La esencia de lo antiguo
Seis décadas después, el negocio conserva anaqueles de madera llenos de botellas que llegan del suelo al techo, donde los carteles con los nombres y precios están escritos a mano, un mostrador de mármol blanco y toneles en una pared con vino a granel. Hay botellas de vino de años como 1935, 1952 o 1964, que guardan como curiosidad, porque su contenido no estará para beber.

“A mucha gente le llama la atención el ambiente y ese sabor auténtico de un establecimiento antiguo que mantiene más o menos una estética que recuerda que esto lleva muchos años abierto”, nos cuenta Manuel Seguí apoyado en un barril que hace las funciones de mesa.
En esta bodega “de toda la vida” se puede comprar una gran variedad de vinos -más de mil referencias, incluidos los espumosos y dulces-y licores. También hay whisky, ginebra, brandy o ron, estos del “segmento premium”, porque no pueden competir en precio con las más marcas más conocidas que venden los supermercados.
Seguí no se ha parado a contar las botellas -precisa que no tienen espacio para un gran stock, pues contando el patio interior el local cuenta con unos cien metros cuadrados– aunque calcula que “es fácil que haya más de 10.000”.
Tardeo de vinoteca a buen precio
Pero además de comprar, en este comercio puede hacer otra cosa: tomarse una copa de vino, una cerveza o un vermut, a modo de tardeo o de aperitivo en una vinoteca. Y acompañarlo con alguna tapa fría -como ajoarriero, ensaladilla, olivas, altramuces texanos o boquerones en vinagre-, dado que no tienen cocina.

Los precios para consumir en el local son baratos: hay copas de vino desde 1,5 euros y tapas desde 1 euro. “En general, la gente cuando paga, sobre todo quien nos conoce por primera vez, se queda sorprendida. Dice: ¿solo esto, con lo que hemos tomado? Es buena señal, porque quiere decir que seguramente volverá. Queremos que la gente pueda tomarse una copa de vino o dos, o las que le apetezca, y que no le haga daño al bolsillo”, afirma.
Lo de consumir en el local es algo que se podía hacer en los inicios de la Bodega Baltasar Seguí, aunque durante varios años lo dejaron de lado porque montaron una empresa de distribución que servía a restaurantes, tiendas y hoteles de Valencia y provincia. Con el movimiento de vehículos, conductores y comerciales no podían llegar a todo, por lo que prescindieron de atender en barra.
Remontar la crisis
Pero llegó la crisis económica de 2008 y lo retomaron, porque “no había ni gente por la calle, no entraba nadie a comprar, la distribuidora se fue a pique y pensamos que era más fácil que alguien entrara a tomarse una cerveza que a comprar”, rememora Manuel.
A partir de ahí, poco a poco fueron a más. “Después tuvimos el parón inevitable del covid, pero lo hemos retomado otra vez y creo que podemos decir que ya hemos pasado lo peor; estamos contentos de la faena que hacemos”, asegura quien desde 1993 es el único titular de este negocio.

Mientras charlamos con Manuel, en la barra atienden con simpatía y profesionalidad Pedro Franco, quien empezó con 14 años de aprendiz y lleva más de cuatro décadas en la bodega, y Anna Calabuig, quien se incorporó hace seis años.
Un público muy variado
El tipo de clientela de la bodega es muy variado. “Viene gente joven, vienen estudiantes, viene gente del barrio por la proximidad y vienen extranjeros, que cuando lo encuentran vuelven seguro, como los italianos, a los que les gusta mucho el vino y este tipo de establecimientos”, asegura el propietario.
También hay quienes acuden a comprar desde otras zonas de València más alejadas, porque “saben que tienen aquí mucha variedad de vino y licor”. Y hay quien se lleva vino a granel, una opción que mantienen aunque “no tiene mucho sentido como negocio”, pero les permite “mantener en activo los toneles y que no se deshagan”. De hecho, explica Manuel, en la ciudad de València ya no queda nadie más que venda vino a granel hoy en día.
Una de las bodegas más antiguas
¿Es esta una de las bodegas más antiguas de Valéncia? Manuel cree que seguramente sí, pues las Bodegas Seguí de la familia de su padre ya no existe y hay establecimientos más modernos que abrieron “mucho después, como las Añadas de España o La Vinoteca, que han ido cerrando«.

A su juicio Benimaclet, donde nació, es un barrio propicio para este tipo de negocio, pues hay mucha gente joven por las universidades, gente extranjera -tanto estudiantes como trabajadores- y vecinos que han vivido siempre aquí. “Hay mucha culturalidad, como se dice ahora, pero la convivencia es muy agradable y hay bastante tranquilidad”, destaca.
Su visión para el futuro es que se mantendrán. “Pasamos en su momento la competencia de las grandes superficies, que nos obligó a la especialización de tener muchas referencias e ir variándolas muy a menudo, algo que normalmente las empresas muy grandes le cuesta mucho más de hacer”.
Así, afirma este Seguí de segunda generación, “ jugando tanto con la venta como en el tema del consumo dentro del local, nos vamos manteniendo. No voy a decir que va muy bien, porque muy bien no creo que le vaya a nadie, pero bueno, vamos sobreviviendo”.
Si todavía no conocéis esta emblemática bodega, lo podéis encontrar muy cerca de estación de metro y de tranvía de Benimaclet de lunes a viernes en horario de mañana y tarde, y los sábados por la mañana.
