Manuel Olías es un pintor y dibujante valenciano que desde hace ocho años vive y crea en Benimaclet, donde se instaló tras residir durante trece años en Madrid. Ha expuesto en la capital de España, Barcelona, Sevilla o Málaga, pero también en Ámsterdam, Nueva York, Vancoúver o San Francisco.
Nos ha abierto las puertas de su taller, ubicado en la sede de la Asociación de Imagen Experimental, donde acaba de exponer una selección de sus obras bajo el título ‘La ventana de oportunidad’, para hablarnos de su trayectoria y del barrio que le acoge.
Un flechazo con el taller
“La verdad es que fue un flechazo. En cuanto me abrieron las puertas del espacio dije: guau, este sitio va a ser donde esté una temporada”, explica a Disfruta Benimaclet Manuel ante su mesa de trabajo.
La sala era entonces de color negro, porque la había utilizado un grupo de teatro, y tuvo que “trabajar a fondo para que las paredes quedaran blanquitas y luminosas”, rememora. “Pero ya tenía una esencia que me gustó mucho, y me quedé”.
Parte de su estudio, dos salas y la entrada de la asociación acaban de acoger una exposición individual de Manuel, formada por una quincena de pinturas creadas principalmente en los dos últimos años, con algunas piezas anteriores que ha pedido a coleccionistas y amigos para mostrarlas por primera vez en público.
También se han podido ver algunos de los dibujos que suele tener colgados en el estudio, pues precisa que, aunque en los últimos tiempos está centrado en la pintura, el lenguaje en el que se siente cómodo y el recurso principal cuando empezó su carrera, gran parte de su etapa en Madrid lo estuvo en el dibujo.

La oportunidad de que sucedan cosas
La exposición la ha titulado ‘La ventana de oportunidad’, un concepto sacado de la exploración espacial que hace referencia “al momento en el que el planeta hacia donde se quiere dirigir la sonda o la nave espacial está más cerca de la tierra y es el óptimo para lanzar ese vuelo”.
Para este artista plástico, cada exposición es eso: “una ventana de oportunidad para que sucedan cosas”. Además, una ventana tiene un formato que le gusta, cuadrado, el tradicional de la pintura de caballete, aunque luego “el arte lo expande y saca los límites”.
Inicio autodidacta
Respecto a sus inicios en el mundo del arte, Manuel nos cuenta que se considera autodidacta, aunque considera que “un autodidacta tiene un maestro ignorante”. Su padre era un músico y pintor aficionado, y esos intereses paternos le llevaron “a amar la pintura en particular”.
Luego estudió en escuelas privadas de diseño, estuvo en Artes y Oficios “de forma fugaz”, porque no llegó a titularse, y entró con el acceso para mayores de 25 años a Bellas Artes, donde estuvo una temporada hasta que le ofrecieron un trabajo en Madrid, como director de arte de una empresa de Internet.

“En ese momento era un ámbito que estaba naciendo y me apetecía investigarlo”, explica Manuel. Trabajó en esa ‘.com’ un año y medio, hasta que se disolvió. Pero para entonces ya había impulsado su actividad como artista independiente, y decidió quedarse en esa ciudad.
Exponer en Ámsterdam
El trabajo de Manuel Olías se puede ver actualmente en Amsterdam, donde hasta el 31 de mayo expone algunas de sus obras en la Fundación Jetty, que desde 2019 da visibilidad a su labor creativa. Ha expuesto también en muchos sitios de España, en una galería independiente de Nueva York, o en San Francisco, donde mostró una serie de trabajos denominados “dibujos a ciegas”.
Sus primeros pasos en galerías los dio en València, en “una galería muy de vanguardia de los años 90 que se llamaba Lae. Sferazul y estaba por la calle Barón de Cárcer, cerca del Mercado Central”, donde le promocionaron “bastantes años”, explica a Disfruta Benimaclet.
Luego en Madrid colaboró con varias galerías, como Columpio, que estaba especializada en dibujo contemporáneo, o Alicia Rey, que tenía “un proyecto de pintura muy interesante”, aunque considera que no ha sido “artista de galería”, sino que ha ido encontrando espacios que le han permitido exponer sus creaciones.

Una curiosidad es que hizo durante varios años carteles para discotecas de la llamada ‘Ruta del bacalao’, como por ejemplo Puzzle, que han quedaron inmortalizados en una exposición del IVAM y en la publicación ‘Ruta gráfica. El diseño del sonido de Valencia’.
Fusión entre las artes
Explica que su trabajo como artista empezó “siendo muy jovencito, en reacción al informalismo abstracto español y americano”. Pasó luego por períodos donde “las manchas planas de la serigrafía del pop art” le atrajeron. E incluso su trabajo como diseñador y creador de logotipos le han influido a la hora de ver esas formas como definidas y claras.
«He estado recorriendo varios caminos, investigando qué es pintar y qué es dibujar, qué es la fusión entre las artes”, indica este artista, para quien se puede decir que su trabajo es “una transición entre la figuración y la abstracción”, entre la simplicidad y la búsqueda del equilibrio.
“Tengo trabajos de dibujos, de líneas, muy muy finos, muy delicados, y trabajo muy intencionalmente expresionista, son ámbitos que me atraen”, explica Manuel, para quien la pintura es sinónimo de Toulouse Lautrec, de Manet y sus coetáneos que hablaban de “la pintura española”, la centrada en lo espontáneo, frente al arte flamenco preciosista, detallado y perfeccionista.

El espíritu de Benimaclet
¿Y qué opinión tiene al artista Manuel Olías de Benimaclet? “Es un barrio bien interesante, tiene un espíritu muy bonito. Creo que València es una ciudad muy chula, pero Benimaclet es un barrio espectacular, uno de los mejores de Europa”, asegura.
Considera que, culturalmente, Benimaclet aún está en ese camino hacia la gentrificación de “los barrios molones del de Europa”. Pero reivindica: “aquí hay gente que luchamos por mantener ese grado de libertad que es necesaria para que la cultura exista”.
